Trituradora de papel destruyendo documentos confidenciales en una oficina moderna

Cómo gestionar correctamente los residuos documentales en tu empresa

Cada año, las empresas generan miles de documentos: contratos, facturas, nóminas, historiales de clientes, informes internos… Una parte de esa documentación acaba archivada durante años y otra parte, inevitablemente, llega al final de su ciclo de vida útil. El problema es que muchas organizaciones no tienen un protocolo claro para ese momento, y eso puede derivar en sanciones económicas, brechas de seguridad o incumplimientos normativos de consecuencias muy serias.

Gestionar correctamente los residuos documentales no es una cuestión burocrática menor: es una obligación legal y, sobre todo, una buena práctica empresarial que protege tanto a la organización como a las personas cuyos datos maneja.

¿Qué se considera un residuo documental?

Un residuo documental es cualquier soporte físico o digital que contiene información que ya no es necesaria para la operativa de la empresa y que debe ser eliminada de forma segura. Esto incluye documentos en papel, pero también discos duros, tarjetas de memoria, CD, USB o cualquier otro dispositivo de almacenamiento que haya quedado obsoleto.

Lo que distingue a un residuo documental de un simple papel para reciclar es precisamente su contenido: datos personales, información financiera, secretos comerciales o datos de salud. Desecharlo de forma incorrecta —tirándolo a la papelera o al contenedor de papel sin más— convierte ese residuo en un riesgo real.

El marco legal que toda empresa debe conocer

El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), en vigor desde 2018, y su desarrollo en España a través de la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales (LOPDGDD), establecen con claridad que las empresas son responsables del tratamiento de los datos personales durante todo su ciclo de vida, incluida su destrucción.

Esto significa que no basta con cumplir la normativa mientras los documentos están activos. La empresa también es responsable de garantizar que, cuando ya no sean necesarios, sean eliminados de forma que no puedan ser recuperados ni utilizados de forma indebida.

El incumplimiento puede acarrear sanciones que oscilan entre los 10.000 y los 20 millones de euros, o hasta el 4% de la facturación global anual de la compañía, dependiendo de la gravedad de la infracción. Más allá de la multa, el daño reputacional puede ser igualmente devastador.

Plazos de conservación: ¿cuánto tiempo hay que guardar cada documento?

Antes de hablar de destrucción, conviene aclarar cuánto tiempo deben conservarse los documentos. La normativa española establece plazos diferentes según el tipo de documentación:

  • Documentación contable y fiscal: mínimo 6 años según el Código de Comercio; 4 años según la Ley General Tributaria, aunque Hacienda puede ampliarlos en ciertos casos.
  • Contratos laborales y nóminas: al menos 4 años para las obligaciones con la Seguridad Social.
  • Datos de clientes con fines comerciales: mientras exista la relación comercial, y posteriormente solo si hay una base legal que lo justifique.
  • Historiales médicos o datos de salud: mínimo 5 años desde el alta del paciente, con variaciones autonómicas.

Una vez superados estos plazos, y siempre que no exista ninguna obligación legal de conservación, los documentos deben ser destruidos. Mantenerlos más tiempo del necesario también es una infracción del principio de limitación del plazo de conservación que recoge el RGPD.

El proceso de destrucción: cómo hacerlo correctamente

La destrucción de documentación confidencial no puede improvisarse. Un proceso bien estructurado suele contemplar las siguientes fases:

1. Clasificación y auditoría documental El primer paso es saber exactamente qué se tiene, dónde está y qué nivel de confidencialidad tiene. No todos los documentos requieren el mismo tratamiento: no es lo mismo destruir un catálogo de productos que un expediente con datos médicos o financieros.

2. Definición de una política interna de destrucción La empresa debe establecer un protocolo claro que indique quién es responsable del proceso, con qué periodicidad se revisan los archivos y qué criterios se aplican para decidir qué se destruye y cuándo.

3. Elección del método de destrucción Para documentos en papel, el estándar más habitual es el triturado en partículas cruzadas (norma DIN 66399), que garantiza que los fragmentos resultantes no puedan ser reconstruidos. Para soportes electrónicos, se aplican procesos de desmagnetización, triturado físico o sobreescritura certificada.

4. Externalización con un proveedor certificado Muchas empresas optan por externalizar este proceso a proveedores especializados. Es la opción más recomendable cuando el volumen de documentación es elevado o cuando se manejan datos especialmente sensibles. En este caso, es fundamental firmar un contrato de encargado del tratamiento, tal como exige el RGPD, y exigir al proveedor un certificado de destrucción que acredite que el proceso se ha llevado a cabo correctamente.

Para las empresas ubicadas en Cataluña, contar con un servicio de destrucción de documentos en Barcelona permite gestionar este proceso de forma ágil, cumpliendo con todos los requisitos legales y obteniendo la documentación acreditativa necesaria para demostrar el cumplimiento ante una eventual inspección.

5. Registro y trazabilidad Todo el proceso debe quedar documentado. El certificado de destrucción emitido por el proveedor es el documento clave, pero conviene también llevar un registro interno que refleje qué se destruyó, cuándo y bajo qué procedimiento.

Errores frecuentes que cometen las empresas

A pesar de la claridad de la normativa, siguen siendo habituales ciertas prácticas que generan riesgos innecesarios:

  1. Destruir en papel sin garantías

    Muchas empresas utilizan trituradoras de tiras —en lugar de partículas cruzadas— que producen fragmentos lo suficientemente grandes como para poder reconstruir el documento. No todas las trituradoras ofrecen el mismo nivel de seguridad.

  2. No firmar contrato con el proveedor

    Externalizar el servicio sin un contrato de encargado del tratamiento traslada la responsabilidad a la empresa contratante en caso de incidente. El contrato no es optativo: es una exigencia legal.

  3. Confundir reciclaje con destrucción segura

    El reciclaje de papel es una práctica sostenible, pero no es un método válido para la destrucción de documentación confidencial. Los documentos con datos personales no pueden simplemente depositarse en el contenedor azul.

  4. Olvidar los soportes digitales

    Un disco duro formateado no es un disco duro destruido. Los datos pueden recuperarse con herramientas accesibles. La destrucción física o la sobreescritura certificada son los únicos métodos que garantizan la eliminación definitiva.

  5. No conservar el certificado de destrucción

    Sin ese documento, la empresa no puede demostrar que cumplió con su obligación en caso de auditoría o reclamación.

Beneficios de una gestión documental ordenada

Más allá del cumplimiento normativo, una política de gestión y destrucción documental bien diseñada aporta ventajas concretas a la empresa:

  • Reducción del riesgo legal y reputacional, al eliminar datos que ya no deben existir.
  • Mayor eficiencia operativa, al liberar espacio físico y digital de archivos obsoletos.
  • Confianza del cliente, especialmente en sectores como el jurídico, sanitario o financiero, donde la confidencialidad es un valor diferencial.
  • Facilidad ante auditorías, al disponer de registros y certificados que acreditan el cumplimiento.
Montón de papel triturado tras proceso de destrucción certificada de documentos

La gestión documental como ventaja competitiva

La gestión de residuos documentales es una parte esencial de la estrategia de cumplimiento de cualquier empresa moderna. No se trata solo de tirar papeles viejos: se trata de garantizar que la información sensible, una vez que ya no es necesaria, desaparece de forma definitiva y trazable.

Implantar un protocolo interno, formar al equipo y, cuando sea necesario, apoyarse en proveedores especializados son los pasos que marcan la diferencia entre una empresa que gestiona sus datos con responsabilidad y una que asume riesgos que, tarde o temprano, acaban pasando factura.

Preguntas frecuentes sobre la gestión de residuos documentales

¿Estoy obligado por ley a destruir los documentos con datos personales?

Sí. El RGPD y la LOPDGDD establecen que las empresas deben eliminar los datos personales cuando ya no son necesarios para la finalidad con la que fueron recogidos. Conservarlos más tiempo del estrictamente necesario es, en sí mismo, una infracción sancionable. La destrucción debe realizarse además de forma que los datos no puedan ser recuperados.

¿Qué diferencia hay entre una trituradora de oficina y un servicio profesional de destrucción?

La diferencia principal está en el nivel de seguridad certificado. Las trituradoras de oficina domésticas suelen trabajar en tiras, un formato que puede reconstruirse con cierta facilidad. Los servicios profesionales utilizan sistemas de corte en partículas cruzadas homologados según la norma DIN 66399, y emiten un certificado de destrucción con validez legal que la empresa puede conservar como prueba de cumplimiento.

¿Qué es el certificado de destrucción y para qué sirve?

Es el documento emitido por el proveedor que acredita que la documentación ha sido destruida de forma segura, con indicación de la fecha, el método empleado y el tipo de material destruido. Tiene valor probatorio ante la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) en caso de inspección o reclamación, y es una de las evidencias que cualquier empresa debería conservar dentro de su registro de actividades de tratamiento.

¿Puedo destruir yo mismo los documentos o es mejor externalizarlo?

Depende del volumen y la sensibilidad de la documentación. Para pequeñas cantidades de documentos de baja confidencialidad, una trituradora de nivel adecuado puede ser suficiente. Sin embargo, cuando se trata de grandes volúmenes o de datos especialmente sensibles —información médica, financiera o jurídica—, la externalización a un proveedor especializado es la opción más segura y eficiente, ya que garantiza el cumplimiento normativo y libera a la empresa de la carga operativa y legal del proceso.

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